El Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica —el IVTM, lo que todo el mundo llama impuesto de circulación— es un tributo municipal que se paga cada año por el simple hecho de tener un vehículo dado de alta, circule o no.
Lo cobra el ayuntamiento donde está domiciliado el titular, no donde se matriculó el coche, y la cuota se calcula sobre los caballos fiscales que figuran en la ficha técnica. Cada municipio fija su tarifa dentro de unos límites legales, de modo que dos coches idénticos pueden pagar cuotas muy distintas según el ayuntamiento.
Donde suele aparecer el problema es en otros trámites: la DGT exige el recibo al corriente de pago tanto para matricular un vehículo como para inscribir un cambio de titularidad. Un IVTM impagado bloquea la transferencia hasta que se regulariza.
Conviene también revisar las bonificaciones: muchos ayuntamientos rebajan la cuota a vehículos eléctricos, híbridos, históricos y de más de veinticinco años, pero casi nunca se aplican de oficio.